Es cierto, demasiadas veces me preguntan como estoy. Contestar un bien, puede ser consecuencia de creerme mi propia mentira, algo a lo que ya me he acostumbrado. No me asusta el decir que estoy mal, simplemente porque cuando es verdad, no se puede disimular. Ahora, no estoy. Me he mudado a mi propio mundo. En el que las lágrimas no existen, y la gente feliz tampoco. Solo existe una sociedad con la que poder vivir; mis sonrisas. Echo de menos la sensación de no tener que preocuparme por nada, de que mi única angustia sea poder ver el final de una película , o de mantenerme en equilibrio sobre unos neumáticos en el parque. De salir a la calle, y echar a correr, y de ver a gente a la que hace años que no veo. Echo de menos los abrazos de gente que ya no está a mi lado, o de gente que no quiere estar. La risa de personas que antes no paraba de escuchar, y que ahora no tiene ganas de reír. Las buenas caras a las nueve de la mañana, y las tardes frente a la televisión. Echo de menos a gente que creí que iba a estar aquí pasara lo que pasara, y cuyos ''para siempre'' se han quedado en el olvido.
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