lunes, 17 de junio de 2013
Hoy, como todos los días suena el despertador. Estás envuelta en la monotonía, y hay veces que llega a gustarte. Un rayo de luz, (y no de sol), entra por las rejillas de la persiana, y abres el ojo izquierdo lentamente mirando la hora en el móvil. Miras al techo, y sueltas un suspiro de cansancio. ''Un día más, y la misma mierda'', te dices. Te levantas, te preparas, y siempre miras la misma foto antes de irte a clase. ''Te echo de menos'', dices. Cuando vuelves, ahí está, de nuevo, mirándote. Ha estado esperándote toda la mañana, no se ido. Sonríes, y la besas. Te vienen a la mente miles de recuerdos, vagos, pero ahí están. Y te alegras al saber que has podido abrazar a una persona tan grande como lo ha sido él. Te da pena pensar que no te dio un beso de despedida, ni siquiera que me explicase que su misión aquí había acabado, y que ya no había vuelta a atrás. Que lejos de aquí me esperaría hasta que yo fuese la que tuviera que despedirme de mis nietos. Solo una persona puede hacerte experimentar tantos sentimientos de golpe: llorar, reír, enfadar, rabiar... y ese, ese sin duda has sido tú. Gracias por haber hecho que mi infancia haya sido inolvidable, y por hacer que hoy la eche de menos tanto como a ti. Te quiero.
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