domingo, 17 de marzo de 2013

Consiste en soñar.

Según dicen, cada noche paras a pensar en todas las cosas que te han pasado a lo largo del día, y captas lo que más te ha llenado, para empezar tus sueños. Cuando sueñas varias noches lo mismo, con todos los detalles, con algo que deseas, con algo que buscas cada noche, es cuando te das cuenta, de que ese es el sueño que quieres hacer realidad algún día. Un sábado a las 11:00 a.m, abres los ojos, y lo primero que ves es una mirada penetrante clavada en la tuya. Sonríes, y él sonríe. Te besa la frente, y te abraza, dejándote su aroma en el pelo. Te hace cosquillas, y tú no puedes parar de reír. Le pides que pare, pero en realidad quieres que siga. Te besa, y se mete en el baño. Miras a la ventana como una completa idiota, sin parar de sonreír pensando en que tu vida es de ensueño, mientras que esperas a que vuelva impacientemente. Entra por la puerta, y no puedes evitar mirarle, no puedes evitar sonreír mientras él te hace muecas de niño pequeño. Te levantas, pero él te empuja contra la almohada sin dejar que lo hagas. Desaparece durante diez minutos, y te trae una bandeja con el desayuno. Sonríes, y le llamas idiota, mientras él te dice: ''Espero hacer esto el resto de mis sábados''. No puedes parar de mirarle, algo te lo impide, un imán clavado en su mirada que no puedes vencer. Miras al suelo, a la ventana, y después a sus ojos. Y ahí están, clavados en ti. Retiras la bandeja, y le abrazas. Le abrazas fuerte, mientras te dice: "Sigo aquí". Y te ríes. Y se ríe. "Me encanta tu sonrisa", dice gritando. Te sonrojas, y te tapas la cara con la almohada. "No te vayas nunca" dices. "Nunca dejes que me vaya" dice. Te pellizca el carrillo. Y se mete en el baño. Te levantas, haces la cama, y te vistes rápido. Sale del baño, te mira, y te dice lo guapa que estás. Le miras, y bajas la mirada con una sonrisa tonta. "Vámonos, donde sea, donde tú quieras, pero vámonos a cualquier lado, solos", dice serio. Te pones seria tu también, e instantáneamente comienzas a hacer la maleta. Él te sonríe, y te besa. Os montáis en el coche, y os vais lejos, a un hotel, donde todo es perfecto, y despiertas todos los días sobre su pecho, mientras te acaricia el pelo y te desliza su dedo por el brazo. Te lleva a la playa todos los días, y compartís helados de chocolate mientras corréis uno detrás del otro para abrazaros. Termináis en la arena mojada, con el agua empapando la ropa, te mira, y te dice: ''El resto de mis sábados, ¿recuerdas?".

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